[R-P] Los ecologudos a la defensiva

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Author: Néstor Gorojovsky
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To: Lucha de masas para recuperar la Argentina
CC: Lucha de masas para recuperar la Argentina
Subject: [R-P] Los ecologudos a la defensiva
CIENTÍFICOS ARGENTINOS CONTRADICEN LA TEORÍA EN BOGA SOBRE EL CAMBIO
CLIMÁTICO, DENUNCIAN CENSURA DE SUS HALLAZGOS POR MOTIVOS POLÍTICOS

1) Introducción de Héctor Menéndez

Excelente y muy necesario el artículo Apocalipsis climático postergado
por pronóstico fallido Guillermo Hamlin
[http://www.izquierdanacional.org/soclat/articulos/apocalipsis_climatico_postergado_por_pronostico_fallido1/?utm_source=Lista+de+Correo+de+la+Izquierda+Nacional&utm_campaign=6ca45672ce-PSL_3211_3_2013&utm_medium=email&utm_term=0_f4b0be67c0-6ca45672ce-14694053,
reproducido al pie de esta presentación de Héctor Menéndez]. Lo
socializaré todo lo que pueda.
Diría que podría agregarse una posdata reproduciendo ó comentando la
entrevista que le hicieron el 27 de marzo pasado en Página/12 al
doctor en geología Eduardo Malanino (va en adjunto) donde denuncia
cómo el IPCC le borró la conclusión del equipo que investigó la
evolución de los glaciares llegando a la conclusión que los avances y
retrocesos de los glaciares que ellos dataron se correspondía con los
cambios solares y no eran antropogenerados.
Creo también que es necesario esclarecer las razones por las cuales
toda la burguesía participa de la diversión del cambio climático, la
defensa de las especies en extinción, la oposición a la modificación
genética en el laboratorio y Rockefeller subsidia a Greenpeace. Esto
es tan importante como descubrir el origen y el rol de las ONGs que
maneja el imperialismo.
Las ONGs fueron inventadas por el imperialismo en el marco de la ONU
en 1948 pero han florecido como hongos después de la lluvia luego de
la derrota. Todo esto tiene la importancia de reganar para la lucha
nacional y social a un inmenso contingente desviado con toda intención
por estas falsificaciones.
Un abrazo.
HM

2) El texto de Hamlin es el siguiente:


Apocalipsis climático postergado por pronóstico fallido
Guillermo Hamlin
Socialismo Latinoamericano

La política de poner freno a las emisiones de CO2 apunta a impedir,
demorar o hacer más costoso el desarrollo industrial de los países del
tercer mundo, donde las industrias que más emiten, debido a su proceso
productivo, son la siderúrgica y la cementera, precisamente las que se
requieren más en los países que están construyendo su infraestructura.
El úl­ti­mo in­for­me cli­má­ti­co de las Na­cio­nes Uni­das, a
tra­vés de su or­ga­nis­mo ad hoc, el Panel In­ter­gu­ber­na­men­tal
de Cam­bio Cli­má­ti­co (IPCC), fue pu­bli­ca­do el 27 de sep­tiem­bre
pa­sa­do en Es­to­col­mo. Des­po­ja­do de la ha­bi­tual re­tahí­la de
fu­tu­ras ca­la­mi­da­des cli­má­ti­cas que pro­nos­ti­can, y de la
afir­ma­ción de que la cer­te­za de que el ca­len­ta­mien­to
pro­du­ci­do por la hu­ma­ni­dad ha lle­ga­do a 95%, cuan­do en 2007
ha­bla­ban de 90% (sin mos­trar evi­den­cia cien­tí­fi­ca que avale
esta afir­ma­ción), re­co­no­ce por pri­me­ra vez: 1) que el
ca­len­ta­mien­to glo­bal fu­tu­ro no será tan malo como pen­sa­ban,
2) que no hubo ca­len­ta­mien­to du­ran­te los úl­ti­mos 15 años, 3)
que sus mo­de­los cli­má­ti­cos no fue­ron ca­pa­ces de pro­nos­ti­car
esta con­duc­ta de las tem­pe­ra­tu­ras, 4) que ig­no­ran las
ra­zo­nes por las que el ca­len­ta­mien­to glo­bal se ha to­ma­do esta
“pausa”; con­fían en que el ca­len­ta­mien­to re­to­ma­rá en el
fu­tu­ro su cre­ci­mien­to (no mues­tran evi­den­cia cien­tí­fi­ca
con­vin­cen­te para sos­te­ner dicha afir­ma­ción), 5) que el
Pe­río­do Cá­li­do Me­die­val (cuya exis­ten­cia era ne­ga­da en
an­te­rio­res in­for­mes) fue tanto o más cá­li­do que la era ac­tual.
Son mu­chos re­co­no­ci­mien­tos que ponen en duda aún más la
cre­di­bi­li­dad del IPCC. Este re­tro­ce­so en las po­si­cio­nes hace
tam­ba­lear la teo­ría de que las emi­sio­nes hu­ma­nas de CO2 son las
res­pon­sa­bles del ca­len­ta­mien­to glo­bal ob­ser­va­do hasta 1997.
Estos re­co­no­ci­mien­tos del IPCC son re­for­za­dos por in­for­mes
de cien­tí­fi­cos que no están den­tro del or­ga­nis­mo cli­má­ti­co
de las Na­cio­nes Uni­das, donde des­ta­ca­mos, entre mu­chos otros:
un re­cien­te es­tu­dio de la NASA prue­ba, en con­tra de la teo­ría
del IPCC, que el CO2 en­fría a la at­mós­fe­ra; cien­tí­fi­cos del
Ob­ser­va­to­rio Pul­ko­vo en San Pe­ters­bur­go, Rusia, de­cla­ra­ron
que la ac­ti­vi­dad solar está des­va­ne­cién­do­se, de ma­ne­ra que
la tem­pe­ra­tu­ra media glo­bal co­men­za­rá muy pron­to a
de­cli­nar; el Ins­ti­tu­to Max Plan­ck de Ale­ma­nia se­ña­la que el
ca­len­ta­mien­to es pos­pues­to por cien­tos de años; “Ac­ti­vi­dad
solar y cam­bio cli­má­ti­co”, es­tu­dio rea­li­za­do por los
as­tro­fí­si­cos Sil­via Duhau, de la Ar­gen­ti­na, y Kees de Jager,
de Ho­lan­da; otro es­tu­dio, rea­li­za­do por cien­tí­fi­cos del
CO­NI­CET y la Uni­ver­si­dad Na­cio­nal del Sur, di­ri­gi­dos por
Eduar­do Gómez, del Ins­ti­tu­to Ar­gen­tino de Ocea­no­gra­fía
(IADO), sos­tie­ne que el cam­bio cli­má­ti­co se ha pro­du­ci­do
cí­cli­ca­men­te por miles de años y que la causa prin­ci­pal es la
ra­dia­ción solar; con­fir­ma­ción de la teo­ría del danés Hen­drik
Svens­mark de la mo­du­la­ción de la tem­pe­ra­tu­ra de la Tie­rra por
los rayos cós­mi­cos, como me­dia­dor de la ra­dia­ción solar. Como
sín­te­sis, po­de­mos men­cio­nar lo que Tim Ball, ex IPCC,
co­fun­da­dor y ex pre­si­den­te del Prin­ci­pia Scien­ti­fic
In­ter­na­tio­nal, re­su­mió: “La cien­cia del IPCC asume que la
tem­pe­ra­tu­ra tiene que au­men­tar si au­men­ta el CO2. No lo hizo.
Como tal, el pro­ce­so del IPCC, su mé­to­do y su cien­cia son
fra­ca­sos com­ple­tos.”
Se po­dría pen­sar que con estas re­fu­ta­cio­nes tan con­tun­den­tes
el im­pe­ria­lis­mo po­dría lle­gar a cam­biar su es­tra­te­gia. Pero
no es así. Ha­blan desde el poder, ha­blan con “la ver­dad
cien­tí­fi­ca” im­pues­ta desde el poder. El se­cre­ta­rio ge­ne­ral
de las Na­cio­nes Uni­das, Ban Ki-moon, ha dicho: “El
ca­len­ta­mien­to sigue. Ahora de­be­mos ac­tuar”. Los más gran­des
or­ga­nis­mos am­bien­ta­lis­tas, como Green­pea­ce, WWF, Ami­gos de
la Tie­rra, etc., con­vo­ca­ron a una in­me­dia­ta ac­ción para
cor­tar las emi­sio­nes de gases in­ver­na­de­ro. El 28 de
sep­tiem­bre se pu­bli­có en el Daily Mail, de Lon­dres, la opi­nión
de Ed Davey, el se­cre­ta­rio de Ener­gía del Reino Unido: “Esto debe
im­pul­sar a los lí­de­res in­ter­na­cio­na­les para lo­grar un
am­bi­cio­so acuer­do glo­bal vin­cu­lan­te en 2015 para re­du­cir las
emi­sio­nes de CO2”. La misma ac­ti­tud tuvo David Bull de Uni­cef:
“Los cien­tí­fi­cos están más se­gu­ros que nunca de que el cam­bio
cli­má­ti­co es real y es pro­du­ci­do por el hom­bre.”
Esta po­lí­ti­ca de poner freno a las emi­sio­nes de CO2 apun­ta a
im­pe­dir, de­mo­rar o hacer más cos­to­so el desa­rro­llo
in­dus­trial de los paí­ses del ter­cer mundo, donde las in­dus­trias
que más emi­ten, de­bi­do a su pro­ce­so pro­duc­ti­vo, son la
si­de­rúr­gi­ca y la ce­men­te­ra, pre­ci­sa­men­te las que se
re­quie­ren más en los paí­ses que están cons­tru­yen­do su
in­fra­es­truc­tu­ra. Nues­tros go­ber­nan­tes deben tener
con­cien­cia de esto y evi­tar la firma de do­cu­men­tos
vin­cu­lan­tes que aten­ten con­tra nues­tro de­re­cho al desa­rro­llo
in­de­pen­dien­te.

3) Mi pequeño aporte: el ecologismo como visión del mundo de la
burguesía imperialista en decadencia final

El conservatismo de base del ecologismo a la moda no solo expresa una
voluntad de dominación. Creo que para la burguesía imperialista es
"verdadera" en el sentido de que da forma al pesimismo orgánico de una
clase que en el fondo de su alma se sabe muerta. Expresa,
naturalizándola arbitrariamente, el "espíritu de los tiempos" de la
burguesía imperialista: es una Weltanschauung, una forma general de la
conciencia de la clase dominante a nivel planetario: es su modo de
reconocer que carece de toda oferta positiva para hacerle al género
humano en su conjunto, y que su supervivencia condena a la muerte al
conjunto de la humanidad.
León Trotsky afirmaba en la década del 30 que en la etapa imperialista
las fuerzas productivas (la capacidad social de transformar la
naturaleza para uso humano) habían dejado de crecer. Esa afirmación,
tomada en abstracto, es flagrantemente falsa. El incremento
exponencial de la productividad humana media, que podría sustentar
perfectamente el reclamo por una jornada laboral de tres o cuatro
horas durante dos o tres días a la semana (lo cual resolvería
automáticamente el falso problema del desempleo) es argumento
suficiente contra ella.
Pero algunos trotskistas ortodoxísimos, más papistas que el papa,
pretendieron demostrar que un crecimiento de las fuerzas productivas
absorbido por el esfuerzo bélico, que es el que caracteriza al mundo
contemporáneo, no es tal. Eso es falso, por supuesto. El crecimiento
de las fuerzas productivas es lo que es, más allá de las fuerzas que
lo inducen.
Sin embargo, es la propia burguesía imperialista la que le terminó por
dar la razón a León Trotsky. Si bien las fuerzas productivas no dejan
de crecer, básicamente porque la condición misma de existencia de la
burguesía es dicho crecimiento, la burguesía imperialista pasó del más
entusiasta de los optimismos tecnológicos a una creciente prudencia,
que terminó convirtiéndose en temor abierto, ante las supuestas
"consecuencias naturales" de semejante proceso.
La primera expresión de esto fue el temor ante la "explosión
demográfica" de medio siglo atrás. Era un modo de decir que la
capacidad portante del modo de producción capitalista era exigua en
relación al incremento de la productividad social de seres humanos: se
había mejorado la capacidad de producción de personas, pero no se
podría mejorar jamás la capacidad de su mantenimiento.
Como la crudeza misma del argumento (y su obvia referencia a las
formas más descarnadas del racismo y del darwinismo social) lo sometió
a una crítica tan intensa como inmediata y demoledora, el planteo cayó
en las sombras y fue reemplazado por otro, que oscurece más su función
pero no deja de cumplirla: la idea de que "la naturaleza" (como si
existiera hoy en día algún tipo de "naturaleza" que no esté
intervenida en nuestro planeta por esa otra forma de lo "natural" que
es la actividad productiva del animal humano) se rebelaría ante la
agresión de que la hacíamos objeto.
A partir de allí, el terrorismo ecologista que viene desplegándose con
creciente intensidad cumple, en la práctica, el papel de impedir el
desarrollo de las fuerzas productivas en aquellas ramas, países y
sociedades que el imperialismo se niega a incorporar plenamente a la
civilización industrial (recuérdese que una de las principales
argumentaciones para desindustrializar la Provincia de Buenos Aires
fue el ecologismo en tiempos del gobernador Ibérico Saint Jean).
Pero además todo este asunto, cada vez más nimbado de un misticismo
conservador que glorifica el atraso, revela una "conciencia de muerte"
de la sociedad entera tal como la revelaba la ideología cristiana que
veía morir el mundo entero cuando solo estaba muriéndose la sociedad
esclavista mediterránea. NMG]

***

4) Reportaje a Eduardo Malanino por Leonardo Moledo.
El científico argentino revela que le censuraron un estudio
glaciológico que pone en duda la tesis de que el calentamiento global
se debe a la acción humana: “me da la sensación de que cualquier
argumento en contra de la antropogénesis del calentamiento global hay
que silenciarlo”

[Publicado en Página 12 / puede obtenerse en
http://leonardomoledo.blogspot.com.ar/2013_03_01_archive.html]

DIALOGO CON EDUARDO MALANINO, DOCTOR EN GEOLOGIA
Glaciares y cambio climático
Las variaciones en la radiación solar que llega a la Tierra
determinaron, hace más de veinte mil años, las grandes glaciaciones.
Los avances y retrocesos de los glaciares de hoy suelen atribuirse al
cambio climático producido por el hombre y puede ser objeto de
controversia.
Por Leonardo Moledo
-Cuénteme.
-Yo básicamente trabajo en dos temas. Uno es cuaternario: glaciación,
cambio climático, todo lo que tiene que ver con las glaciaciones,
básicamente a partir de fines del plioceno hasta los últimos avances
glaciarios que hubo en períodos históricos.
-Hablemos de eso primero.
-Bueno, básicamente yo trabajo en el campo de hielo patagónico, con
las glaciaciones que ocurrieron en períodos posglaciares. Después de
la última gran glaciación, que fue hace 23 mil años más o menos, hubo
glaciaciones. A partir de ahí los glaciares retrocedieron; esas
grandes glaciaciones que hubo (por ejemplo en el lago Buenos Aires yo
encontré seis) tuvieron que ver con variaciones de la radiación solar
que llega a la Tierra, porque la Tierra tiene movimientos diferentes a
lo largo del tiempo, ciclos, que hacen que varíe la cantidad de
radiación que llega. El que determinó eso fue Milankovich hace mucho
tiempo: cuando él lo dijo, no podía probarse, pero finalmente se
probó. También estudio, allí, lo que ocurrió después del último retiro
del glaciar.
-Hace 23 mil años.
-Sí. Hubo varias oscilaciones. Hace 23 mil años es el máximo y ahí
empiezan a retroceder. Hace 13 mil años los glaciares estaban bastante
más atrás incluso de la posición que tienen ahora. A partir de ahí,
hay un reavance muy importante en el Hemisferio Norte, que fue muy
fuerte, y que durante mucho tiempo fue una verdadera incógnita, porque
tuvo la magnitud que tuvieron las grandes glaciaciones. Pero
aparentemente eso tuvo que ver con una ruptura de un lago glaciario
que había en el norte de Canadá, que solubilizó parcialmente la
salinidad del Atlántico y detuvo la corriente marina profunda. Eso
provocó un enfriamiento que...
-¿Eso cuándo fue?
-Hace 13 mil, 11 mil años. Lo interesante de esto es que durante mucho
tiempo no se supo cuál era la causa. Y ésta que le cuento es solamente
una teoría muy probable: al liberarse un enorme lago que había en
Canadá, el agua dulce se mezcló con la corriente salina y en lugar de
hundirse, porque la corriente se hunde en el Atlántico Norte, se quedó
en superficie. Al quedarse en superficie, sobreenfrió el Hemisferio
Norte. Durante el máximo glaciario, el norte de Canadá está cubierto
de hielo. Lo que ocurre ahí es que toda el agua de fusión glaciaria
drenaba por el Mississippi hasta el Golfo de México. Había un enorme
lago entre el borde de hielo y la salida finalmente del emisario, que
era el Mississippi. En un momento determinado, se rompe el último
cierre que había... Hay dos opciones: uno es que es la bahía de
Hudson, que ahí estaba la masa de hielo y de repente se rompió, y ese
lago gigante, porque es un lago gigante... cuando usted piensa que los
lagos actualmente en el límite de Estados Unidos y Canadá representan
sólo un 15 por ciento de ese lago gigante, se da cuenta de la magnitud
que tenía. Se llamaba Agassiz. Cuando se rompe ese último cierre que
tenía, se vacía catastróficamente hacia el Artico. El problema es que
en ese momento está la corriente marina profunda y se hunde, viajando
por el fondo oceánico. Después vuelve a ascender ya en el Hemisferio
Sur. Esa corriente funciona como transportadora de temperatura de
lugares donde es muy alta a donde es muy baja y viceversa; uniformiza
la temperatura planetaria. El problema es que, si yo la paro, voy a
tener un sobreenfriamiento en el Hemisferio Norte. Eso fue lo que
pasó, en teoría.
-¿Fue ahí donde se cerró el estrecho de Bering?
-No, esto es al revés. Lo que hay aquí es la liberación de un lago de
agua dulce enorme que se mezcla con la corriente salina, que a esa
altura está en superficie, pero que se empieza a hundir por una
diferencia de densidad, le quita la densidad, y eso hace que todo el
sistema se pare, se sobreenfríe el Hemisferio Norte y se produzca la
glaciación. Esa glaciación nunca se la había encontrado en el
Hemisferio Sur, y la hallamos con un colega en el campo de hielo
patagónico. En Puerto Banderas, en el lago Argentino, estamos entre 13
y 11 mil años. A partir de ahí retrocede de vuelta la glaciación pero
hay, en tiempos históricos, avances glaciarios. Se llaman
neoglaciaciones, porque ya no tienen la magnitud de las grandes
glaciaciones. Y éstas son interesantes porque las dispara la radiación
solar. El Sol tiene ciclos de mayor y menor actividad. Y esto,
justamente, con el tema de observaciones circunstanciales que se
hacían a lo largo de mucho tiempo, presencia o ausencia de manchas
solares, permitió llegar a la conclusión de que hay períodos en que el
Sol tiene baja actividad...
-La pequeña edad del hielo.
-Exactamente. Pero la pequeña edad del hielo no es verdaderamente una
pequeña edad del hielo. Son varios eventos de enfriamiento separados
por eventos de mayor temperatura.
-La pequeña edad de hielo hizo que los vikingos dejaran de viajar a
América, por ejemplo.
-Claro, pero no fue una sola. Esa es la cuestión. Acá se metió todo en
la misma bolsa, a tal punto que incluso se discutió durante mucho
tiempo su existencia. Eso es algo que discuten mucho los meteorólogos.
Porque acá hay un problema: si se acepta que hay ciclos en los que el
Sol pasa por mayor o menor actividad solar, y cuando hay menor
actividad solar hay una relación directa con avances glaciarios y
cuando hay mayor actividad con retrocesos glaciarios, hay que
reconocer que el clima es algo notablemente variable, no es que
permanece constante y de repente hay grandes cambios. No sólo se
enfría, sino que también se calienta. La media global, durante un
mínimo glaciario, pasa por uno y medio grado menos que la media
normal.
-¿Y cuánto dura?
-Y, en el orden de unos 180 años. Y acá viene una cuestión
interesante. Nosotros vemos esto en el campo del hielo patagónico;
nosotros tenemos cierres morénicos que se pueden datar muy bien,
porque esos cierres son cierres neoglaciares que están relacionados
con esta variación solar. Hay muchos métodos para datarlos, con
errores relativamente pequeños. Lo interesante, incluso en algunos
casos...
-¿Qué es el depósito morénico?
-Cuando el glaciar avanza empuja detritos, y cuando retrocede deja
algo. Eso es el depósito. Cuando uno se fija cómo son los valores, hay
una separación temporal muy rítmica con respecto a ese tema. Y lo
interesante es que el último enfriamiento, que es el mínimo de Dalton,
ocurre hace aproximadamente ciento y pico de años. Desde entonces,
subió la temperatura. Y acá viene una discusión clave...
-Si el calentamiento global tiene que ver con el hombre o no.
-Claro. Los que apuestan fuerte a que es el hombre el principal agente
son los del IPCC, para el que yo trabajé entre 1994 y 1998. A mí me
pidieron hacer toda la parte de evolución de la criosfera de América
del Sur. Nosotros tenemos dos glaciares paradigmáticos: uno es el
Moreno, que supuestamente está en equilibrio, aunque en realidad
avanza. Cuando se topa con la península de Magallanes, se hace un
cierre y el agua rompe el cierre. Pero si no estuviera la península,
avanzaría. El otro es el Upsala, un glaciar que tiene una tasa de
retroceso alucinante. No hay ningún otro glaciar que retroceda a esa
velocidad, y por eso está puesto como el ejemplo del calentamiento
global antropogénico. Lo venimos estudiando desde el año '91, y
llegamos a la conclusión de que es un glaciar que retrocede mucho
porque tiene problemas mecánicos. El problema es que ese glaciar,
cuando avanzó, se apoyó en esos arcos morénicos, de los que le
hablaba, que son como montañitas transversales al lecho del lago.
Cuando retrocede y está apoyado, no hay problema, pero de repente
pierde parte del frente. Y ahí se sueltan 300 o 400 metros de frente
glaciar. Bueno, y hay otros fenómenos como que el agua... Pero lo
importante aquí es que nosotros determinamos que si retrocede es por
motivos mecánicos, no climáticos.
-¿Y entonces?
-Cuando yo escribí todo esto para IPCC me sacaron esa parte. Yo
pregunté por qué y me dijeron que no podían poner todo, pero el
problema era que no estaba poniendo lo que se quería demostrar, que
era que el glaciar retrocedía por cuestiones climáticas. Yo demostraba
que retrocedía por razones mecánicas. Eso me produjo un fuerte
desencanto, porque me da la sensación de que cualquier argumento en
contra de la antropogénesis del calentamiento global hay que
silenciarlo.
-¿No cree entonces en la antropogénesis del cambio climático?
-Durante mucho tiempo creí que era así, pero a medida que fui
avanzando con el trabajo de campo fui poniendo en cuestión mis
suposiciones.

***

5) Lo que piensa el "ecologismo oficial" de la ONU
[Clarín del sábado 28 de setiembre de 2013 - página 41 -]

Reunión cumbre de expertos en Estocolmo
Cambio climático: culpan al hombre
Según un documento de la ONU, la actividad humana es la principal
responsable del calentamiento en un 95 %
LA VANGUARDIA. ESPECIAL

Los científicos creen “extremadamente probable” que el hombre sea el
principal responsable del calentamiento global, según el último
informe del Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU
(IPCC) difundido ayer en Estocolmo. Los expertos del IPCC, que
actualizaron los avances producidos desde el informe anterior de 2007,
elevaron el nivel de certeza del 90 al 95% respecto de su documento
previo, en el que aseguraban que era “muy probable” la responsabilidad
de la actividad humana desde 1950, frente al 66% apuntado en 2001. La
creciente concentración de gases invernadero en la atmósfera -la de
C02 ha subido un 40% desde la era preindustrial- y el calentamiento
observado apoyan esta afirmación, según el informe.
“Es extremadamente probable que la influencia humana haya sido la
causa dominante del calentamiento desde mediados del siglo XX”, consta
en el documento elaborado por el Grupo de TrabajoI. El informe señala
que el calentamiento es “inequívoco” y que cada una de las tres
últimas décadas ha sido más caliente que las anteriores, constatando
un aumento probable de la temperatura de 0,85 grado de 1880 a 2012.
Además, se estima que el período 1983-2012 fue “probablemente el más
caluroso en los últimos 1.400 años”.
Que el ritmo de subida de la temperatura en superficie se haya
reducido entre 1998 y 2012 con respecto la media de 1951-2012 (0.05
grado frente a 0,12) responde posiblemente a la atenuación del sol por
las erupciones volcánicas y a una redistribución del calor en los
océanos. “Las emisiones continuadas de gases invernadero causarán más
calentamiento y cambios en todos los componentes del sistema
climático”, señala el documento. El nivel del mar ha subido 0.19 metro
de 1901 a 2010 y podría crecer entre 26 y 82 centímetros a finales de
siglo, un crecimiento mayor del que se anunciaba en 2007, cuando se
hablaba de una subida de entre 18 y 59 centímetros. Los expertos
señalan como “muy probable” que la capa de hielo del Océano Artico
siga reduciéndose, al igual que la capa de nieve en primavera en el
hemisferio norte y el volumen de los glaciares, así como el aumento de
las olas de calor. Además el océano absorbe más de un 25 % de las
emisiones de dióxido de carbono, lo que causa la acidificación del mar
a velocidades sin precedentes en 300 millones de años.
“Sin esta capacidad inmensa del océano para absorber el calor y el
dióxido de carbono, sufriríamos de impactos del cambio climático mucho
más severos que los que ahora experimentamos”, afirma en una nota el
ministro de la Presidencia de Sudáfrica y copresidente de la Comisión,
Trevor Manuel.
“Esto significa claramente que debemos redoblar esfuerzos para hacer
que el océano sea más resiliente al cambio climático ya la
acidificación”, como crear áreas marinas protegidas y abordar las
lagunas del sistema de gobernanza del océano internacional. El texto,
aprobado ayer por los delegados gubernamentales reunidos desde el
lunes en Estocolmo, es una actualización de los avances científicos
elaborada por más de 800 expertos.
El texto será referencia central para las otras partes del informe y
clave en futuras negociaciones para un acuerdo mundial en 2015.



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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría